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Salomé Guadalupe Ingelmo
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INTERVENCIONES

PROGRAMA DE LITERATURA LA LUZ DEL PASILLO: CICLO DE GILGAMESH. EL ORIGEN DE LA LITERATURA. AGOSTO DE 2023.
Con Luis Alberto de Cuenca y los presentadores Álvaro Aguilera y Antonio Antón.


PROGRAMA DE LITERATURA LA LUZ DEL PASILLO: PASOLINI, UN POETA CENTENARIO.
6 DE MARZO DE 2023.
Con Ana Useros, Miguel Ángel Barroso y los presentadores Álvaro Aguilera y Antonio Antón.


ENTREVISTA CONCEDIDA A LOS ORGANIZADORES DEL CERTAMEN LITERARIO MUJERES SIN REGLAS,
EN EL QUE RESULTÓ FINALISTA CON SU OBRA LA ESTIRPE DE JUDITH

¿Qué le ha impulsado a participar en el concurso?

Una buena parte de mi obra –que abarca temas muy variados y multitud de géneros literarios– gira en torno a los conflictos de género. Muy a menudo, específicamente alrededor de la violencia de género. También reflexiono frecuentemente sobre lo que hace de un género lo que es. Y quizá incluso mucho más sobre lo que creemos nosotros que hace de un género lo que es: sobre los modelos, los clichés y los prejuicios. Creo que una película resume –quizá con mayor claridad– lo que pretendo decir, que refleja mi misma inquietud e indaga muy seriamente sobre el fenómeno que la genera: M. Butterfly, de David Cronenberg. Como estamos en la era de lo audiovisual, puede que el ejemplo clarifique. O quizá no haga más que aumentar el desconcierto, porque temo que no es una película muy conocida.

Aclaro que he hablado de géneros y no de género femenino porque, no nos engañemos ni seamos injustas, también lo caballeros se encuentran sometidos a modelos. Y aunque éstos estén cambiando, no dejan de ser modelos al fin y al cabo. Antes se consideraba que un hombre debía poseer determinadas cualidades, y ahora esas cualidades son, en parte, otras que quizá ni ellos mismos tengan claro. Como tampoco nosotras tenemos del todo claro qué se espera que seamos. Estamos perdidos ambos. El problema, creo yo, es intentar que las personas encajen en moldes preestablecidos aunque sea a martillazos. Yo creo en el uso del respeto y la delicadeza; el mero hecho de imponer o proponer con mucha vehemencia un modelo se me antoja un ejercicio de la violencia.

¿Son reales el personaje y su historia (en referencia a La estirpe de Judith)?

Por supuesto. Se trata de un conocido personaje histórico (Artemisia Gentileschi), una reputadísima pintora que, en efecto, sufrió todas las atrocidades narradas en el relato: la violación, la exigencia de casarse con un hombre al que no amaba y también la vejación y la injusticia por parte del tribunal que debería haber defendido y reparado no su “honor”, sino su dignidad y los derechos que cualquier ciudadano debería tener garantizados independientemente de su sexo. Por supuesto, los tiempos han cambiado, pero… No sé, a veces temo que quizá no hayan cambiado tanto, que cambian demasiado lentamente. Puede que de esta apreciación sea responsable, al menos en parte, mi formación como historiadora. Digamos que nosotros –especialmente los historiadores de la Antigüedad– gozamos de una visión de conjunto sobre lo que es el ser humano y sus peripecias. Por supuesto puede que otros colegas no estén de acuerdo conmigo. Incluso puede que yo misma cambie de idea mañana; no me turba cambiar de idea. Quizá, sencillamente, paso por un momento de cierto desencanto por lo que respecta a mis semejantes, a quienes aun así sigo respetando mucho. Me siento desilusionada en general, es cierto, pero cultivo obstinadamente la esperanza y el amor. Un cierto número de personas, con sus maravillosas cualidades y su presencia constante –espero que quien se tiene que dar por aludido lea estas líneas y lo haga–, me ayudan a seguir alimentando esos nobles sentimientos. En realidad soy fundamentalmente optimista y combativa, así que no pienso rendirme.

En cualquier caso todos mis personajes son muy reales. Incluso aquellos que no se pueden identificar totalmente con el nombre y apellido de una persona de carne y hueso. Ello es así porque todos tienen mucho, muchísimo, de mí. Y también, de una u otra forma, de mi historia personal. A unos les presto anécdotas; a otros, rasgos del carácter; a casi todos, sentimientos… Me considero una persona rica interiormente, y es una fortuna: con todo lo que escribo, de no ser así, me habría quedado ya vacía. Claro que el autor, el ser humano en general, ha de saber reinventarse. Yo no creo demasiado en la inspiración sino en el talento. Muy especialmente, en la voluntad, en el trabajo y la disciplina.

¿Cómo espera que influya su historia entre los lectores?

Espero que haga reflexionar sobre la pertinencia de seguir manteniendo modelos. Modelos en general, pero muy especialmente modelos por cuanto respecta a los géneros. Aunque lo que yo espere o no es en buena medida irrelevante. Acepto que una vez mis obras ven la luz, dejan de ser sólo mías. Cada lector tiene derecho a aplicar las claves de lectura que quiera o pueda sobre nuestras obras, y a metabolizarlas como mejor le parezca. Y de hecho eso las enriquece, así que por ello debo estar agradecida. Aunque no negaré que a todos los autores, creo, nos gusta encontrar lectores que interpreten exactamente nuestro mensaje como nosotros lo quisimos comunicar. Quizá exista una parte de orgullo (“si me han entendido significa que yo me expreso con claridad y mi mensaje es coherente”). Aunque prefiero creer que, sencillamente, lo que de verdad deseamos es encontrar otros individuos similares a nosotros, a los que gustemos y que, en definitiva, nos comprendan. El ser humano tiene una gran necesidad de no sentirse solo.

¿Qué es para Ud. una "mujer sin reglas"?

Para mí una mujer sin reglas, como un hombre sin reglas, es un ser humano que no se somete dócilmente a criterios establecidos por otros, sean éstos de la naturaleza que sean (morales, estéticos o de cualquier otra índole). Una mujer sin reglas, como un hombre sin reglas, es un ser humano que decide, conscientemente, sentirse persona antes que género: que no se define necesariamente por su sexo. O cuanto menos no define su sexo mediante patrones establecidos sin ejercer antes su derecho a defender su propia libertad de pensamiento, a aplicar sus propios criterios y a hacer uso de un juicio independiente y crítico. Porque, no nos engañemos, todo lo que no se ejercita acaba anquilosándose, y todo lo que no se ejerce acaba perdiéndose.


Salomé Guadalupe Ingelmo, septiembre de 2010

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